INEWOL - Werner Ovalle

 

BIOGRAFÍA


• Nace el 18 de mayo de 1928 en Salcajá, Quetzaltenango.

• Graduado de Médico y Cirujano en la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

• Su participación en los Juegos Florales de Quetzaltenango fue la siguiente:

En 1946 mención honorífica por sus Tres Sonetos A Mi Madre.
En 1947 tercer lugar en verso por sus Sonetos de Cervantes.
En 1948 primer lugar en verso por su Vida, Pasión y Muerte de Jesús Castillo Y Elegía Sonámbula (Poesía Por La Música).
En 1950 primer lugar en verso por su Padre Nuestro Maíz y mención honorífica por Antifona Del Son.
En 1960 primer lugar en verso por sus Poemas De La Búsqueda y accésit por sus Odas Fluviales. Declarado Maestre del Gay Saber (por haber obtenido tres veces el primer lugar en verso).

• En 1960 recibe la Orden del Quetzal por sus méritos literarios.

• El 9 octubre de 1969 funda junto a otros literatos profesionales de la medicina la Asociación de Médicos Escritores de Guatemala, AME.

• Obras: Tiempo conquistado (1949), El canto vivo poesía suburbana (1952), Padrenuestro Maíz: poema en cuatro estancias (1952), Poemas de la búsqueda (1960), Poeta en órbita (1961), Raíz de incendio (1962), Corona de la vida y Elegías en la viva muerte de Enrique Muñoz Meany (1961).

• Fallece en la ciudad de Guatemala el 13 de diciembre de 1970.

• Su nombre perdura en varios Institutos, Bibliotecas y Centros de Salud. Su busto en bronce luce en el parque principal de su natal Salcajá.

 

VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS CASTILLO Y ELEGÍA SONÁMBULA (Poesía Por La Música)


VIDA, PASION Y MUERTE DE JESUS CASTILLO

I. VIDA

Nació la luz sobre la flor del mundo;
hubo explosión de azules geometrías,
y desde el cielo locas chirimías
dieron la euforia del amor fecundo.

(La noche era un artista moribundo;
sobre sus negras cascabelerías
brilló un embrión de rojas melodías
para besar los tímpanos del mundo).

Y era una voz nativa de paisaje.
Una ecuación de plenitud y gala
como los blandos pájaros de un viaje;

y en medio de esa voz y sobre un ala,
Jesús Castillo en musical mensaje
hizo hermana del sol a Guatemala!

II. PASION

Aquí se pudre el llanto de la selva
rojo de amar los Cristos perseguidos;
aquí hay ríos de luto en los oídos
y una cruz esperándolo que vuelva.

Aquí no hay aleluya que lo absuelva,
ni corazón que preste sus latidos
para animar sus vértices dormidos;
aquí se pudre el llanto de la selva!

Aquí hay una elegía que lo llama:
una montaña que lo necesita;
un mar filántropo que lo reclama.

a fiebre que su voz era infinita
aunque esa fiebre mi soneto inflama
u alondra musical está marchita.

III. MUERTE

Jesús Castillo ya no tiene manos.
Jesús Castillo ya no tiene oídos.
Sus tambores de luz están perdidos
y su miel es festín de los gusanos.

Su voz que amó los cielos suprahumanos
tiene expresión de cálices heridos;
hay claveles de muerte en sus sentidos
que circularon ríos ciudadanos...

Jesús Castillo, pájaro y soldado.
Jesús sin Nazareth simple y discreto.
Hombre con cruz sin ser crucificado;

la indiferencia necesita un reto:
si no existes en mármoles tallado,
aquí tienes la estatua del soneto...

 


ELEGIA SONAMBULA

(Poesía por la Música)

Ya no estás, Chus Castillo.

Son en vano los cuatro candelabros del mundo
y está ciega tu sangre de calor y rocío.
En la voz de tu muerte revivieron los llantos
y en la sed de tu vida se agrandaron los ríos.
Ya no estás, pero dejo
para ti mis pequeñas geometrías de vino.

Ya no estás, Chus Castillo.

Es inútil que el trópico deshaga
su flor de paludismo.
Es inútil el árbol prisionero.
Es inútil el mar ciego de trinos.
El desarticulado
corazón de los lirios.
La desencadenada
plenitud del suicidio.
Las hamacas silvestres.
El pincel de los pinos.

(Que las algas y el musgo son marinas guitarras.
Que los peces de sodio son quijotes marinos.
Que la playa es eterna como el cielo y el agua.
Que la selva es humana como el beso y el trigo.
Que los astros son gotas de poema en la noche.
Que tus manos y el verso se murieron de frío...)

Ya no estás, Chus Castillo.

Solos. Grises. Abiertos capricornios de angustia
desesperan el polen de los cálices niños.
Ya no hay miel en las hojas del maizal ciudadano.
Ya no está sobre el norte la alegría del indio.
Ya no hay tímpanos locos en la luz de septiembre.
Ni amapolas de sueño. Ni explosión de caminos.

Ya no estás, Chus Castillo.

Capitán del silencio. Marinero del aire.
No hay crepúsculos que hablen de tus tardes de lino,
y manojos de cruces hipercrómicas flotan
como loca y perdida floración de atavismos.
(Ya no hay sílabas que hallen en el campo la savia).
-¡Oh! la iglesia del árbol naatural y sencillo-.
¡Carceleros del sueño dibujaron la tumba
donde duermen sus ojos como estrellas de olvido...!

Ya no estás, Chus Castillo.

Por el sol que acelera tu cintura de incienso:
¡Gloria al astro viajero que llenó tus oídos!
Por las mil Guatemalas de tus mil expresiones:
¡Gloria al verbo celeste que incendió tus olivos!

Ya no estás, Chus Castillo.

Una cruz de sinsontes
en tu nombre insumiso.
Una rama de estrofas.
en tu breve infinito.
Un florero de sueño
para ti, Chus Castillo.

 

 

PADRE NUESTRO MAIZ


I

MADRIGAL DE SIMBOLO

Yo tengo manos de maíz. En ellas
reside un hálito terrestre
y palpitan misterios arcillosos
con humedad de vegetales peces.

Yo tengo frente de maíz. Yo sueño
la paz del surco iluminado y verde,
coronado de cañas verticales
como lineales templos de azúcar y de fiebre.

Yo tengo frente de maíz. Yo pienso
con las venas acústicas y fuertes
como un resucitado intemporal
que escondiera su voz en los claveles.

Yo tengo labios de maíz. Yo canto
sin la fría corola de la muerte
y predico las alas de la harina
con una gran serenidad silvestre.

Yo tengo sueños de maíz. Yo vivo
hombre de ayer, de hoy, hombre de siempre.
...Nuestro atavismo vegetal es único:
¡maíz de amor, substancia de las sienes!

 


II

SUBSUEÑO VEGETAL

Padre nuestro, maíz, templo de harina:
pequeña harina alada y vencedora,
inocencia del pan en donde vive
la química nupcial del alimento
y el más alto silencio de la tierra.

Yo en tu semilla arrodillé mi sangre
llena de dulces glóbulos de milpa,
y me llené los ojos con la inmensa
ternura de los surcos florecidos,
y reí con las sienes infinitas
como ríen la caña y la mazorca.

Padre maíz, vestido de las venas,
alimento del son, uva del indio.
Diamante ciego. Pan. Agua maciza.
¡Padre maíz, varón de las estrellas!

En donde quiera que mi cuerpo aflora
con su interrogación inesperada,
veo el maíz creciendo, dominando,
besando húmedas frentes de labriego
alimentando brazos campesinos,
desnudando la flor del equinoccio
con las rubias infancias del elote.

Mis ojos sueñan ágiles países
poblados de violines y maizales,
por donde huyan los labios y se pierdan
en el rojo crepúsculo suicida,
y repitan la voz como besando,
y asciendan en heridas catedrales
a la órbita verde de la milpa!

Veo Maíz en el pulmón del campo,
en la promesa fértil de la novia,
en la dádiva humana de la esposa,
en el verde ademán de las limosnas,
en la marimba de alma de mazorca,
en el río de vértebra espumosa,
en el solar ausencia de la sombra,
en el silencio blanco de las monjas,
en la luna de leche luminosa,
en el húmedo beso que enamora,
en la sangre triunfal de la amapola,
en la nocturna circunstancia roja,
en el papel astral de las corolas,
en el violín con vuelo de gaviota,
en el temblor de música redonda,
en la dulce materia de las cosas,
veo Maíz en la existencia toda!

 


III

DIALOGO DE AMÉRICA

- Nadie puede negar que el ruiseñor
tiene luz de Maíz en la garganta.

- Que la nocturna estrella silenciosa
tiene alas de Maíz en la mirada.

- Que en el río, en el mar, en el océano
sal y Maíz son cónyuges del agua.

- Que con Maíz sembró Rubén Darío
su amapola de luz en Nicaragua.

- Que como caña de Maíz herido
García Lorca se quebró en España.

- Y que con hombres de Maíz se ha hecho
la patria espiritual de Guatemala.

-¡Salve Maíz amable, pan de América,
mínima catedral de la esperanza...!

 


IV

ESTANCIA FINAL

Substancia del Maíz, substancia aérea,
milagro de azadón y chirimía,
suceso de sudor y piel morena,
gota de sol, compacta clorofila,
substancia del Maíz, substancia aérea,
grano de amor, abeja conmovida!

El hombre que trabaja y el que ríe,
y el que busca en el agua la ternura,
y el que besa la tierra con los dedos,
y el que acaba su sangre en la cosecha,
y el que consume libros y ciudades,
veneran al Maíz, pan de la sangre!
El hombre que se asoma a la esperanza
tiene color de milpa en sus pupilas.

Padre nuestro, Maíz, agua maciza,
alimento del son, uva del indio,
grano de sol, vestido de las venas.

Padre Maíz, varón de las estrellas!

 

 

POEMAS DE LA BÚSQUEDA


DEDICATORIA

A vosotros, poetas que no sabéis si la "l"
de la palabra lira es de luz o de luna
dedico este poema con raíz de relámpagos
¡que su raíz nos una!

 


I

MUERTE Y OLVIDO

Sé que la muerte es noche duplicada
en un reciente más allá distinto
en donde no se sabe si el jacinto
es ave con raíz o flor alada.

Sé que el olvido corta con su espada
malezas inmaduras del instinto:
por eso cabe el hombre en su recinto
de antiguo Todo florecido en Nada.

Sé que la muerte es ser lo que no fuimos:
semejanzas de Dios, lunas sin suerte,
viñas en primavera de racimos;

por eso afirmo que el olvido es fuerte
pues hace no morir lo que vivimos
y vivir, olvidados, nuestra muerte...

 


II

DEFENSA DEL OLVIDO

Somos la lenta muerte, de gloria invertebrada,
soldados derrotados de las ciencias insomnes;
el ojo de la luna nos mira intensamente
sin envidia ni júbilo por nuestras alas de hombres.
Una soledad vida de espinas y relámpagos,
una sed de naufragio nos cae de la noche
y en la antesala clara del corazón caído
crece un geranio oscuro de aromas monocordes...

Yo no niego la risa
ni escondo los colores;
tengo en las manos firmes
romances y canciones;
pero pregunto, auténtico,
directo como un hombre
¿hacia dónde nos lleva
la fuerza de los dioses?

Su cintura de aroma las rosas fusiladas
dejaron en la esquina vital del horizonte;
algunas eran jóvenes como espigas de junio;
otras llenas de música como alma de sinsontes.
Y aquellas que me amaron tenían un destino
de guitarras violadas sobre la medianoche
cuando los perros muerden los túneles del cielo
y el amor sangra y besa la raíz de los soles.

Yo no niego la rosa
ni su aroma de adioses:
florece en mis poemas
con pétalos sin nombre;
pero afirmo, sencillo,
sin estrellas ni flores
que en el hombre no muere
sino nace la noche!...

 


III

DULCE NOMBRE

Bastaría un pedazo de aurora en la garganta
un átomo de lágrima debajo de la lengua
decir el nombre de mi madre.

La aurora en la garganta
se vuelve luz y canta.
La lágrima en la lengua
se vuelve amor y amengua
tan sólo con su nombre
mi antiguo dolor de hombre.

Bastarían tres pétalos de perpetua fragancia
María de mi infancia.

Bastarían tres lirios con llama de consuelo
María de mi duelo...

Bastarían tres sílabas habitadas de cielo
María del anhelo.

Bastaría, María del tránsito celeste,
que no te hubiesen dado a saborear la llama
definitiva y sola del hondo viaje agreste
que retornó tus ojos a la tierra que te ama...

Bastaría, María de mi sien de poeta,
que no hubieses dejado mi esperanza vacía
ni mi vida inconclusa ni mi sangre incompleta,
Bastaría tu diaria compañía, María...

 


IV

POEMA BAJO LA TIERRA

Salgo a la noche en busca de lo que fui en el tiempo.
Persigo las antiguas raíces que me ataron.
Pregunto a los geranios que de mi voz nacieron.
Interrogo a la sal y la luz que me amaron.
Sigo las huellas tibias aún de mis cenizas.
Pero, es inútil, continúo náufrago,
debajo de la tierra como dentro de un túnel,
rodeado de gusanos:
me duele más la hormiga que la estrella
y mucho más los ojos que las manos,
porque éstas se extendieron a todo y hacia todos
y aquellos sólo el ímpetu miraron...

Salgo a la noche en busca de lo que fui en el tiempo,
pero es inútil, ¡continúo náufrago!...

 


V

SONETO DE ULTRACIELO

He descendido a todo y no desciendo:
la sonrisa del vértigo, el pecado,
la voz del mal, el sexo naufragado
y el luto antiguo del nacer muriendo.

He descendido a todo y ascendiendo
de mi propio descenso iluminado
fue mi último recurso su Costado
de sangre rota y muerte amaneciendo.

Por eso el que desciende y ama puro
el ultracielo de su Verbo pleno,
de tan antiguo y lírico, maduro,

sabe y afirma que el Dolor es bueno
cuando de su bondad nace seguro
el fuego del Amor ultraterreno.

 


VI

RESURRECCION

Pude atrancarme todo lo que ataba mis manos,
Quemé las viejas naves decadentes y oscuras.
Abrí firme los ojos hacia este mundo nuevo,
me lavé el corazón con agua de esperanza
y en una noche envejecí diez años.

Los que ya no creían en mí, resucitaron.
Y los que en mí creyeron sin comprenderme nunca
siguen sobre la tierra, pero están enterrados.
¡Perdónalos, Señor, si saben lo que hacen!...

¡Pude arrancarme todo lo que ataba mis astros!...

Ahora voy de frente, camino de la muerte,
de una más clara muerte feliz y razonada:
viviré mucho tiempo persiguiéndola libre
y quedaré en sus brazos de huesos luminosos
con mi viaje redondo de niño que retorna
a la madre que un día lo colocó en la tierra.

(No quiero que me llores,
fiel muchacha de junio,
no quiero que me llores).

(Le he dicho adiós a todo lo que detrás se queda.
Sólo tú, niña mía, caminas adelante
dentro del mundo nuevo donde no habrá más puro
ni más limpio pecado que no haberte amado antes.

Ahora sé, muchacha, qué latitud celeste
tiene tu amor de espiga, de aurora y de bandera:
Espiga en que tu amor es el pan de mis hambres,
aurora en que tu amor tiene luz colectiva,
bandera en que tu amor toma la voz de un pueblo).

 


VII

Niña por cuya risa creo en Dios
y en cuyos labios se desangra el cielo:
tú reviviste el ímpetu del vuelo
en el Usumacinta de mi voz.

Y porque alzada del dolor precoz
sembraste de luciérnagas mi anhelo
asesino la flor de mi desvelo
y rompo las cadenas del adiós.

Niña en donde mi sangre se agiganta
como una alondra de melancolía
con versículos de oro en la garganta,

en ti la sed de luz de mi poesía
es como una madrépora que canta
con sus cien surtidores de alegría:

soneto en donde el sueño se levanta.

 


VIII

CONCEPTO DE CIUDAD

Una ciudad no es sólo el apagado diamante del asfalto.
Ni el murmullo periódico de teatros y oficinas
donde se aprende que la paz no existe.
Ni las vitrinas policromas donde quiebran su mirada
los niños y las muchachas pobres.
Ni los hoteles donde se ama con besos clandestinos
y manos internacionales.
Ni los parques testigos de gestos prohibidos
y decisiones súbitas.
Ni los restaurantes que disfrazan la agria realidad de los mercados.
Ni los monumentos que vulgarizan el olvido de hombres y de símbolos.

Ni los vehículos impulsados por el tiempo, la muerte o el delito.
Ni las alegres avenidas donde desfila ciega la tristeza.
Ni las iglesias donde
los mendigos no le piden a Dios sino a los hombres.
Ni los opulentos edificios que no emocionan sino amenazan
como pulpos.

Una ciudad es un inmenso corazón consternado
donde la sangre colectiva circula lentamente,
irregular, insomne, vestida de teléfonos,
de mujeres derrotadas, de poetas frustrados,
de victoriosos mercaderes, de genios anónimos,
de políticos que digieren fácilmente la palabra "democracia"
y obreros indigestos con la misma palabra...!
Pero también en ella vive perpetuamente
una conciencia humana
equilibrada y
justa.

Una ciudad es un ansioso monumento a la esperanza,
una ecuación multánime de lucha,
una constante manifestación de esfuerzos generales
y una concreta prueba de que el hombre no ha muerto.
En la ciudad se ama apresuradamente
con pesadumbre estéril o vértigos sociales.
No se encuentra la cómplice madurez de los bosques.
En vez de ríos rumorosos se escuchan las bocinas.
No hay pájaros que cantan sino ambulancias que aúllan
y en el lugar de las estrellas el gas neón parpadea.

Sin embargo, la ciudad es necesaria.
Sin ella el campo seguiría anclado
tal vez muriendo a pausas y sin una salida.
Pero debemos amarla transitoriamente,
poner en ella nuestros ojos, nuestra palabra,
nuestras manos:
y guardar siempre virgen la semilla serena
del corazón que un día debe volver al surco...!

 

 

OTROS POEMAS


MÉDICO Y CIRUJANO

Preguntadle su nombre, su antiguo nombre alzado
entre amapolas niñas y claveles sonoros.
Preguntadle el origen de su voz, y el cayado
de su aorta que tiene la emoción de los coros.

Y Él dirá que su nombre con Hipócrates vino
y perdura en el nombre de Jesús Nazareno,
porque es hijo del llanto y capitán del destino
cultivado en el sueño natural de Galeno.

Preguntadle su ruta; su camino aturdido
de dolientes arterias y pupilas llorosas;
preguntadle si siente que el crepúsculo herido
lo circuye de antorchas y lo enciende de rosas.

Y Él dirá que traía Paracelso su ruta
y su abierto camino de profeta y soldado,
porque bebe los jugos de la clínica fruta
y sus manos suprimen el dolor despertado.

Preguntadle las noches de neurosis y fuego
con las manos oscuras en las carnes heridas,
los oídos ahogados en el llanto y el ruego
y en los labios un río de esperanzas suicidas.

Y Él dirá que en sus manos está el sueño del mundo
y en el mundo la savia de su voz desoída;
porque es simple el anhelo de su verbo fecundo
derramado en el árbol, y el mercurio, y la vida.

Preguntadle si sabe de los cálidos lechos
que formó Panacea con espumas y venas;
o si absorbe la leche matinal en los pechos
que trajo Hyglas del cielo como azules colmenas.

Y Él dirá que es amante de las diosas silvestres,
que venera el alivio y la salud aproxima
con aliento de nube, con empujes terrestres
camarada del agua, de la sangre y el clima!

Salve Apóstol sencillo del amor infinito
que los músculos corta con la vida en la mano!
Que suprime del árbol el retoño marchito
y está el árbol erguido como un hombre lozano!

Salve Gran Caballero de la Espada Pequeña
que en los duelos oscuros de salud y de muerte,
precipita el alado bisturí que aún sueña
sus países de acero sin color y sin suerte!

Gloria al hombre sonoro que de blanco vestido
su cerebro reparte como pan de humanismo,
y que a cambio recibe grises alas de olvido,
campanadas de sangre, y obsesiones de abismo!

Gloria al hombre sencillo –dios corriente y callado-
que en la voz del enfermo su sentencia descubre,
con el sueño descalzo y el anhelo enterrado
como un gran prisionero de su ruta insalubre!

Pero al fin es su nombre; su antiguo nombre alzado
entre amapolas niñas y claveles sonoros.
Y su rojo camino de profeta y soldado,
y su aorta que tiene la emoción de los coros.

 


ELOGIO AL BISTURÍ, PADRE DEL ORO ROJO

A los cirujanos del mundo

Creemos en el honor y la espada
para afirmarnos limpios caballeros.
Despreciamos el agua por la sangre
para lavar el nombre sobre el tiempo.

Cantamos y alabamos la justicia
por la presencia fácil de la espada.
Ella siempre preside la conquista
y ella también florece derrota.

Pero nosotros jóvenes de ahora,
del siglo veinte capitanes nuevos,
dejemos lo brutal por lo biológico
y lo objetivo por el pensamiento.

Nueva sangre triunfal que nos recorra,
despreciemos la espada que es la fuerza.
Y el hombre escogerá con afición
y con valor: Caballería o ciencia.

La fuerza que es gigante con sus máquinas
y que en aviones atraviesa el cielo.
La ciencia tan pequeña con la idea
va mucho más allá del universo.

Pero hay una ironía suprairónica:
La ciencia necesita de la espada
que es diferente de las militares
porque es sin vaina y porque nunca mata.

Esta espada pequeña, casi humana,
flor de salud entre la buena mano,
tiene un dueño feliz sin uniforme
y sin maldad: Se llama cirujano.

Esta espada sencilla que da vida
tiene un nombre de pájaro azulado.
Se llama bisturí, tímidamente,
¡como si un pozo se llamara océano!

Por eso, por sencillo y por pequeño.
Sacerdote del bien. Muerte del llanto.
Porque derrama sangre con bondad.
Porque merece mucho más que el canto.

Porque su filo es símbolo de vida.
Porque es el arma que salud defiende;
porque corta más ágil que un rayo.
Porque su acción de apóstol se comprende,

Loor al bisturí que ama la sangre,
que vive como flor entre una mano.
Loor al bisturí que es horizonte,
arma sutil y cruz del cirujano!

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